Vivimos en sociedades que han perdido muchos de sus rituales, y a menudo aquellos que se conservan han perdido su esencia y su capacidad de evocar en nosotras sentimientos de conexión con lo sagrado, con la naturaleza, con los demás o con nosotras mismas.
Muchas participamos en rituales de otras culturas o religiones que, quizás por su novedad y por el hecho de haberlos elegido nosotras mismas, nos resultan más evocadores. Pero a veces incluyen lenguajes o prácticas lejanos de nuestro contexto y difíciles de comprender o compartir con otras personas.
Hoy os traemos una práctica y un ritual, con raíces profundas y a la vez con un lenguaje llamativamente actual. Está escrito por Kirsten Kratz, maestra de meditación insight y maestra residente en Gaia House. La práctica está inspirada por las prácticas de «tocar la Tierra» de Plum Village (tradición del maestro vietnamita Thích Nhất Hạnh).
Cómo practicarla
En Gaia House, en algunos retiros, Kirsten Kratz ofrece esta práctica a primera hora de la mañana. Si el tiempo lo permite vamos al jardín y si no, nos reunimos en la sala de meditación o en un espacio común. Todas miramos en la misma dirección, quizás hacia un lugar que nos evoque reverencia y belleza. Kirsten está al frente. Empieza invitándonos a hacernos presentes: «inhalando… exhalando… cielo arriba… suelo debajo…». Lee la primera sección y al terminar de leerla da un toque de campana. En ese momento cada persona «toca la Tierra» a su manera: puede ser tocando la tierra con la mano, una inclinación de cabeza, un gesto interno o tal vez haga una postración, tocando la tierra con la frente. Aquí importa la conexión personal con el significado del texto y no el gesto físico que se haga. Cuando Kirsten vuelve a tocar la campana, nos levantamos de nuevo. Así procede a lo largo de las cinco secciones de la práctica.
Te invitamos a encontrar tu manera de conectar con ella. Con postraciones o sin ellas, con campana o sin ella, leyéndola en voz alta o en silencio. Parte de la belleza de cualquier práctica espiritual es la experimentación para hacerla tuya.
La práctica de Tocar la Tierra
Celebro los elementos:
tierra, agua, fuego, aire, que constituyen toda la vida.
Mi vida, la vida en este planeta, la vida en este territorio.
Celebro los minerales, los suelos, los hongos y los líquenes,
la multitud de plantas y animales.
Criaturas del agua, del aire, de la tierra y de la profundidad del suelo.
Celebro los vientos que los acarician y las estaciones que les dan forma.
Celebro los innumerables ofrecimientos de la diversidad inimaginable de la vida.
Al celebrar esto, me inclino con asombro y gratitud, y toco la Tierra.
Reconozco mi profunda interdependencia.
Que mi existencia, como toda existencia, se entreteje profundamente en el tejido de la vida.
Reconozco que esta manifestación de la vida cesará de existir
y que no hay ningún aspecto de mi existencia que me pertenezca.
A nada puedo agarrarme como yo o mío.
Todo surge, emerge a la existencia, es sostenido, nutrido, cambia y
cesa de acuerdo con las leyes misteriosas de la originación dependiente.
Reconozco que cualquier creencia en una existencia separada e independiente es una ilusión, una idea errónea.
Al reconocer esto, me inclino con reverencia y gratitud, y toco la Tierra.
Me vuelvo para honrar a mis ancestros:
ancestros de mi linaje de sangre,
mis antepasadas y antepasados con sus dones y sus tribulaciones.
Mis maestros, guías, mentores.
Aquellos que conocí, leí o de quienes oí hablar.
A quienes me enseñaron, apoyaron e inspiraron.
A quienes contribuyeron a moldearme,
a abrir mi corazón y mi mente a nuevas maneras de ver,
a nuevas maneras de ser en este mundo.ÇHonro a mis ancestros humanos y no humanos,
remontándome a la primera bacteria productora de oxígeno, hace 700 millones de años.
Al honrar a mis ancestros, me inclino con profundo respeto y gratitud, y toco la Tierra.
Traigo a la mente la complejidad de mi ser:
Mis esperanzas y mis miedos.
Mis penas y mis alegrías.
Mis tendencias a retroceder, a apartar la mirada y cerrarme
ante aquello que percibo como insoportable.
Y mi capacidad de abrirme, de volverme hacia ello y conectar profundamente.
Traigo a la mente mis limitaciones y dificultades.
Expresiones de codicia, aversión y engaño,
que causan daño a otros y a mí mismo/a.
Traigo a la mente el potencial de mi corazón y mi mente para la sabiduría, la compasión,
la alegría,
la generosidad y tantas otras cualidades liberadoras del corazón.
Al traer a la mente la complejidad de mi ser, me inclino con humildad y gratitud, y toco la Tierra.
De nuevo, reconozco mi profunda interconexión y mi participación
en la red de la vida.
Reconozco que mis acciones pueden resonar en todas las direcciones y tener ecos muy
lejos en el futuro.
Todo lo que hago o dejo de hacer puede tener consecuencias que jamás llegaré a conocer.
Sabiendo esto, anhelo ponerme al servicio del bienestar de todos.
Todos los seres,
humanos y no humanos.
Todos los seres,
cercanos y lejanos,
conocidos y desconocidos,
nacidos y aún por nacer.
Todos los seres,
amigos, indiferentes y hostiles.
Al ofrecer esta intención, me inclino en espíritu de servicio y gratitud, y toco la Tierra.
(Kirsten Kratz, inspirada en las prácticas de la Sangha de Plum Village)
