Pablo d’Ors (Madrid, 1963) es sacerdote, escritor y uno de los referentes imprescindibles de la espiritualidad contemporánea en lengua castellana. Su trayectoria combina una profunda formación intelectual con una entrega radical a la vida interior. Tras el éxito arrollador de su obra Biografía del silencio, que ha acercado la meditación a miles de personas, fundó la asociación Amigos del Desierto, dedicada a la difusión de la práctica contemplativa.

En esta entrevista, Pablo nos abre el corazón a su propia «experiencia mística» fundacional, nos ayuda a distinguir entre los distintos estadios de la oración y nos invita a descubrir que lo cotidiano y lo divino, en última instancia, son la misma cosa.
Entrevista
La experiencia mística
Una vez te oí decir que todo comenzó con una experiencia mística a los diecinueve años.
Si no es demasiado íntimo, ¿podrías compartir en qué consistió esa experiencia y si fue fruto de alguna práctica concreta o bien ocurrió de manera espontánea?
Es lo más íntimo de todo, pero no puedo callar al respecto. Fue en mi dormitorio de la casa de mis padres, en mi 1982, un 23 de diciembre, sobre las 11 de la noche. Yo tenía diecinueve años. Por alguna razón no estaban mis hermanos en casa. Estuve un rato en silencio ante el Belén familiar, pues las fiestas navideñas eran inminentes. Al terminar, me acosté y, en cuanto lo hube hecho, Ella, la Presencia, está allí, conmigo, en el ángulo superior izquierdo de mi habitación. Era puro amor, pura paz, y me inundó de una dicha incomparable que me arrancó lágrimas de felicidad. Supe que era Dios y que me quería para Él. Estuve sumergido en un mar de plenitud una hora, quizá dos; y al día siguiente, sin haber pensado jamás en ello, al levantarme fui a la parroquia de mi barrio, hice llamar a un sacerdote y, en cuanto le tuve ante mí, le confesé algo que me dejó muy sorprendido. Quiero ser sacerdote, le dije. Así empezó todo para mí.
A veces se dice que no debemos buscar experiencias cuando meditamos, ¿es posible profundizar o avanzar en el camino de forma significativa sin tener experiencias místicas? ¿Qué papel tienen en el camino y cómo nos debemos relacionar con ellas?
Todos queremos experiencias sensibles en la oración, puesto que la oración es un acto de amor, y el amor pide concreción. Sin embargo, lo que sientes o dejes de sentir en la meditación no es, definitivamente, lo importante. Lo decisivo son los hechos de la vida cotidiana, es decir, si cada vez eres más entregado y limpio de corazón, si vives más des-egocentrado y con atención a lo que tienes entre manos. Todos estamos llamados a la mística, pero la mística no es sólo la unión transformante.
Cuando alguien ha tenido una experiencia profunda de transformación interior, ¿cómo vuelve después a la vida ordinaria —al trabajo, al dinero, a la vida social— sin traicionar lo que ha visto?
Hay un periodo de ajuste social, como dice mi admirado David R. Hawkins, maestro espiritual estadounidense. Pero sólo es durante las primeras décadas. Luego descubres que Dios y vida cotidiana son exactamente lo mismo.
En la tradición cristiana encontramos místicas centradas en Cristo —como Teresa de Ávila— y otras profundamente marianas. ¿Representan estas dos formas de experiencia espiritual dos modos distintos de relación con lo divino?
Claro, ahí está la sensibilidad cristológica y la mariana; pero normalmente son perfectamente compatibles. «Por María a Jesús», suele decirse en contextos cristianos devocionales, y es mi experiencia. El niño nace de María y de José. María es la creación; José es la contemplación, el testigo; el Niño es la Luz. La luz llega a nuestras vidas cuando somos creativos y contemplativos.
Experiencia personal y apertura interreligiosa
De pequeña crecí en una familia no especialmente practicante, aunque iba a misa y allí nos decían que solo había una religión verdadera y que quienes no conocían a Cristo estaban perdidos. En el instituto leía a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz y hablaban de otra manera. Su lectura elevaba el espíritu.
Más adelante, a través de la meditación y el budismo, comencé a comprender mejor el cristianismo.
¿Cómo ha sido tu propio proceso de apertura a otras tradiciones espirituales?
Prácticamente desde mi adolescencia. A los 14 años leía libros de orientalismo y llegué a raparme al cero y a sentarme a meditar como había leído que hacían los lamas sin tener ni idea de en qué consistía todo aquello. La llamada que yo sentía a lo trascendente era poderosísima: me encantaba hablar del más allá, sentarme en la iglesia a solas, rezar el rosario por las noches en mi camita. Cristo es Cristo, desde luego, la puerta, la consciencia crística, pero el Espíritu está en todas partes y sopla donde quiere.
¿Crees que otras vías, como el budismo, el sufismo…, pueden ayudarnos a comprender más profundamente el cristianismo, y viceversa?
Por supuesto. Frecuenté el zen durante siete años, con tres maestros diversos, uno de ellos budista, y siempre he declarado que si no fuera cristiano, sería budista. También he declarado que el zen me hizo leer mi tradición de otra manera, ayudándome a introducir categorías de comprensión nuevas, revisar las caducas y acercarme al tesoro del que había sido privado hasta entonces: el cristianismo interior, la mística en definitiva.
Meditación, oración y vida religiosa
En tus enseñanzas la meditación ocupa un lugar central.
¿En qué se diferencia la meditación de la oración? ¿O en el fondo no son tan distintas?
Meditación es oración contemplativa, que es la forma de oración más sublime. Primero está la oración vocal, por medio de palabras; luego la mental, por medio de pensamientos; después la afectiva, que cultiva los sentimientos; y, por fin, la contemplativa, donde lo que importa no es lo que digas, pienses o sientes, sino Él, sólo Él, la escucha pura.
«Yo te aseguro que si todos nos sentáramos media hora a diario a hacer silencio, todas nuestras relaciones, todas sin excepción, cambiarían.»
Pablo d’Ors
¿Crees que la práctica de la meditación puede ser una respuesta al declive de las vocaciones a la vida religiosa?
No sólo. Es la respuesta a ese declive y a la crisis espiritual de Occidente en general. El problema de la Iglesia es de falta de espiritualidad, pero espiritualidad de verdad. Yo te aseguro que si todos nos sentáramos media hora a diario a hacer silencio, todas nuestras relaciones, todas sin excepción, cambiarían. No es una hipótesis: lo veo continuamente en la gente que acompaño.
Muchas tradiciones espirituales parecen sugerir que el despertar interior exige un cierto desprendimiento de los vínculos. Sin embargo, nuestra vida está hecha de relaciones e interdependencias. ¿Puede una persona alcanzar un verdadero despertar interior a través del amor, la amistad, la familia o la comunidad?
Todo puede ser un puente para Dios, por la sencilla razón de que todo está en Dios: en Él movemos y existimos. Nada seríamos sin Él. No se trata de confrontar lo mundano con lo espiritual, como si fueran cosas distintas. Pero primero Dios. Desde Dios, todo lo mundano funciona y ayuda al crecimiento. Sin Él primero, todo se tuerce y degenera. Pondré un ejemplo: comer. Sin Dios, comer es un simple devorar; con Él, es un hermoso compartir.
Humildad y madurez espiritual
En una entrevista comentaste que solo se puede ser tonto o humilde. Me pareció una afirmación rotunda y cierta.
¿Cómo podemos practicar la humildad en la vida cotidiana?
El único lugar de la práctica, sea de la humildad o de cualquier otra virtud, es la vida cotidiana. No hay otro escenario. La humildad es la puerta de entrada: si no quieres aprender, si no te pones en esa disposición, no hay nada que hacer. Humildad significa capacidad de admiración y sentido del humor, entre otras cosas. Sólo a los humildes les llega un maestro, y sin un maestro, lo cierto es que no puedes aprender nada. En el camino del Espíritu, como en el del amor, no se puede ser autodidacta: aprendemos de los demás, se trata de una cadena de trasmisión energética.
¿Es suficiente la práctica en la vida cotidiana para desarrollarla o es necesario un proceso más profundo de autoconocimiento, de ver lo que verdaderamente somos?
Es lo mismo: vivir en plenitud conduce al auto-conocimiento, y el auto-conocimiento a la transformación y, por fin, a la realización. «Nadie puede ir al Padre si no es por mí» significa que no podemos ir a Dios sin pasar por la humanidad, que la humanidad es el camino. No hay otro.
¿Qué cualidades, además de la humildad, nos ayudan más en el camino y por tanto debemos desarrollar?
Primero humildad, luego aceptación, acto seguido paz, después amor y, por fin, la alegría. Ese es el orden. Si no somos humildes, no podemos aceptar la realidad. Si no aceptamos, no podemos estar en paz. Si no estamos en paz, no podemos amar, puesto que el conflicto interno hace que volquemos nuestra energía en su resolución. Sin amor, por fin, no hay verdadera alegría. La alegría es el descubrimiento de que estamos viviendo como hemos de vivir.
Biografía del silencio
En muchos relatos espirituales —y también en tu obra Biografía del silencio— la experiencia profunda parece surgir en el retiro y la meditación. ¿Por qué el acceso a lo absoluto parece darse más en la soledad que en el encuentro con otros seres humanos? ¿Es la relación con los demás un camino o, en cierto sentido, una distracción respecto del centro?
Porque sólo dentro de nosotros descubrimos el verdadero rostro de los otros. Soledad y comunión son las dos caras de la misma moneda. Sin soledad, sin la experiencia de la confianza que los cristianos llamamos Padre, no puede descubrirse que los demás son nuestros hermanos. Y sin este descubrimiento, sencillamente aún no has descubierto quién es tu prójimo. Los demás están en nuestro más profundo centro. Lo que se descubre en la meditación es que nosotros somos ellos, que no hay separación.
El olvido de sí
El protagonista atraviesa un proceso de vaciamiento personal. ¿Es este un camino necesariamente doloroso? En su caso la entrega es tan extrema que por un lado inspira mucho, pero por otro lado me ha hecho dudar de mi propia capacidad de entrega.
Es lo que tienen los santos: que su amor nos acongoja, porque pone de manifiesto la tibieza y mediocridad del nuestro. En su inmensa pequeñez, Charles de Foucauld, de quien habla este libro, era un gigante. Él se reiría, por supuesto, si leyera o escuchara esta afirmación sobre él. Era un enamorado de Jesús como he conocido pocos. Y su amor le llegó a doler, cierto, y tuvo que atravesar situaciones alucinantes, casi imposibles de creer. El amor es muy loco, así son las cosas. Pero la entrega se entrena y, si lo haces, antes de lo que piensas, te encontrarás a ti mismo haciendo esas locuras que antes tanto te espantaban.
Escribir la autobiografía de un místico debe de ser un viaje fascinante, que solo puede emprender con sabiduría una persona que avanza en el camino hacia Dios. ¿Cuánto hay de experiencia personal en la elaboración del protagonista Charles de Foucauld y cuánto de la persona histórica?
Mucho, hay mucho de proyección personal. No puede ser de otra manera, los escritores somos así. De no ser así, me habría hecho historiador o científico, o qué sé yo, pero los artistas y novelistas tienen esa condición: sólo nos interesa hablar de lo más profundo que hay en el alma humana y eso sólo podemos hacerlo hablando de lo más profundo que hay en la nuestra. Es así como descubrimos que sólo lo más personal es universal, puesto que en el fondo nos encontramos todos.
Biografía de la luz
Incluyo algunas citas de Biografía de la luz que a simple vista pueden resultar controvertidas. ¿Cuál es su verdadero significado?
«Hay algo superior a los lazos de sangre.»
Desde luego, los del Espíritu.
«Sentarse a meditar es entrenarse a morir.»
Ciertamente, porque te quedas quieto y apartado y descubres que todo sigue funcionando perfectamente sin ti, incluso mejor que cuando estabas dando vueltas por ahí…
«El grito y el silencio son los dos polos de la vida espiritual.»
Así es: sólo en el silencio escuchamos el grito de nuestro ser y el sonido del mundo. Porque el mundo tiene un sonido, aunque casi nadie lo haya escuchado jamás.
Contra la juventud
En tu obra Contra la juventud, las relaciones amorosas de Eugen Salmann parecen conducir más a la desorientación que a la plenitud. ¿Crees que el erotismo moderno promete una felicidad que en realidad no puede dar? O, ¿hemos olvidado la sabiduría del amor auténtico, la auténtica naturaleza de la conexión cuerpo y psique?
Muchos lo han olvidado, pero no todos: hay mucho amor en este mundo, amor de verdad, muchísimo. Más aún, lo que hay es sobre todo amor. Todo lo demás -el horror, el ruido, la sinrazón…- no tiene comparación con la belleza y la dicha que reina por todas partes. El erotismo es la otra cara del misticismo: ambos están habitados por la pasión de la unión, sea con el ser amado, sea con la Realidad. Otra cosa es la caricatura de todo esto a la que suele sucumbir la inmensa mayoría de los humanos. Pero los instintos, como las emociones, los afectos y los sentimientos, pueden incluirse y trascenderse. Somos animales humanos, estamos llamados al auto-dominio, es decir, a la libertad.
En una época marcada por crisis ecológicas y culturales, muchas personas se preguntan si tiene sentido traer hijos al mundo. Desde una mirada espiritual, ¿qué significa hoy procrear?
Crear es la consecuencia natural de amar. No puedes amar y no ser creativo, es imposible. No se trata únicamente de un dinamismo natural, sino metafísicamente exacto. La verdadera vida es creativa; donde no hay creación, no hay amor. Claro que los hijos no tienen por qué ser sólo biológicos; pueden ser espirituales, artísticos y de tantos géneros. El pesimismo sobre el género humano, llevado a su extremo, conduce por fuerza a la depresión, ese es su fruto. Si no conduce ahí, lo normal es que sea una simple pose, un postureo, como suele decirse hoy.
Amigos del Desierto
Amigos del Desierto es una asociación espiritual cristiana fundada por ti, formada por personas interesadas en la meditación y la oración contemplativa dentro de la tradición cristiana. Se inspiran en los Padres y Madres del Desierto, monjes de los primeros siglos del cristianismo que se retiraban al desierto para buscar a Dios en silencio.
Veo en la página de Amigos del Desierto que hay muchos retiros por toda España y también por varios países. ¿A quién van dirigidos estos retiros?
A todo el que tenga sed espiritual y quiera aprender a meditar. A todo el que quiera hacer esto y no tenga prejuicios religiosos ni de ningún género.
¿Qué formato tienen, es decir, qué podemos esperar si asistimos a uno de ellos (silencio, solo meditación, diversas actividades)?
Hay en nuestros retiros de iniciación un poco de trabajo de consciencia corporal, pero sobre todo son instrucciones teóricas sobre la práctica meditativa y, desde luego, muchas sentadas silenciosas para practicar lo aprendido. El sábado por la noche, aprendemos a bendecirnos unos a otros, es algo muy especial. Estos retiros se los recomiendo vivamente a todos los interesados en el camino interior. La práctica totalidad los termina con un grado de satisfacción alto; y un tanto por cierto muy elevado se mantiene luego en la meditación diaria, que es el principal fruto, pues eso lo cambia todo.
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